Cuando viajas

Cuando viajas con la mente abierta estás abierto también a tantas posibilidades que literalmente cualquier cosa puede pasar.

Viajar libera

Al viajar, la sensación de libertad es conmovedora. Estar fuera de la cotidianidad, pero sobre todo estar en lugares completamente nuevos, algunas veces en los que es casi imposible comparar lo que tenemos ante nuestros ojos con algo que hayamos visto antes, es exorbitante, en un sentido justo y con una connotación muy positiva. 

Tal vez llegarán a tu mente decenas de pensamientos que te provoquen reflexionar sobre la vida, sobre todo lo que desconoces y de lo poco que eres capaz de ver y apreciar sobre la realidad de otros.  

Podrás conseguir relajarte y tranquilizarte, posiblemente por la sensación de abandono y libertad, de saber no tienes control sobre nada y solo puedes fluir con las circunstancias.

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Genera empatía y confianza

Cuando viajas se amplia tu entendimiento sobre otras personas y culturas, al conocer cómo viven y perciben su día a día, en una realidad a veces tan diferente a la que vives día con día. 

Aprendes nuevas formas de comunicación, y también reafirmas que las más apropiadas siempre serán las mismas en cualquier país y en cualquier idioma. Como el trato amable, el respeto y una sonrisa.

Cuando viajas, sobre todo entre más lejos vas, aprendes a sobrevivir ante cualquier circunstancia, a tomar decisiones rápidas y certeras, aceptar cualquier tipo de situaciones, comunicarte a señas y gestos, y a reír cuando las cosas no salen como las planeaste. 

Abres tu mente a todas las posibilidades, pero sobre todo aprendes que al final de cualquier jornada todo va a estar bien, a confiar en tu instinto e intuición. Y te das cuenta de que es verdadero eso que dicen tantos, sobre que tus pensamientos y actitud ante la vida atraen el tipo de situaciones a los que te enfrentas.

Viajar en el tiempo

Viajar, es flotar en el espacio, en el que las realidades alternan y el tiempo es relativo. Tal cual como un astronauta que pasa 6 meses en órbita, pero al regresar pasó menos tiempo en el espacio del que transcurrió en la tierra. 

Porque al regresar a casa, todo parece ser igual, pero quien viaja ha cambiado y aprendido tanto, que da la sensación de haber viajado más rápido en el tiempo.

Entre más viajes realices te parecerá haber trepado un árbol muy alto, más alto a cada viaje, y de estar sentado en la copa, contemplando todo desde una perspectiva diferente, más amplia. Pues el haber estado inmerso en otra cultura, en otro espacio, con otra gente, su visión y sus creencias, habrás escalado un nivel en el entendimiento y empatía hacia otros.

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