Apropiación cultural


Imagina por un segundo que eres un (a) guitarrista aficionado, fanático (a) del rock and roll, y que conoces a Jack White en una fiesta. Ustedes dos se han caído tan bien y se están divirtiendo tanto juntos, que cuando le cuentas de tu afición, te invita a participar en un duelo de guitarras.

Obviamente es imposible competir con Jack White, pero te acuerdas de aquel riff que te enseñó tu papá cuando te vio practicando la última vez. Un riff que inventó cuando estaba chavo y era aficionado de la guitarra como tú.

Semanas después, mientras sigues sin creer aquella fiesta épica. Jack White lanza una canción inédita. ¿Adivina qué? Se puede escuchar — con algunas modificaciones— el riff de tu papá a lo largo de toda la canción. 

Te sientes un poco orgulloso (a), pero no estás seguro (a) de estar feliz, porque es algo que sientes tuyo, de tu familia, y él no pidió permiso.

La canción es tan buena que gana millones de reproducciones en Spotify en la primera semana, pero tú o tu papá nunca obtendrán ningún crédito. 

Nadie sabrá nunca quién es el autor, de hecho, todos darán por sentado que el autor es Jack White, y por supuesto, tu familia, jamás verá un centavo de las regalías. 

Bueno, este es un ejemplo burdo, y no se trata precisamente de apropiación cultural, pero ejemplifica muy bien el plagio del que han sido víctimas varios pueblos indígenas mexicanos.   

Apropiación cultural, de hecho, es la adopción no reconocida o inapropiada de las costumbres, prácticas, ideas, entre otras cosas, de un pueblo o sociedad, por miembros de otro grupo típicamente más dominante.

Aquí hay algunos datos de la vida real: Intropia, Isabel Marant, Rapsodia, Michael Kors, Nike, Pottery Barn, Inditex y más recientemente Carolina Herrera, son algunas de las marcas, diseñadores y proveedores de moda, acusados ​​de apropiación cultural y plagio del patrimonio cultural mexicano para fines comerciales. 

Estas marcas se “han inspirado” en diseños ancestrales mexicanos para hacer nuevas creaciones, sin dar crédito a las comunidades, sin informar sobre su valor cultural y por supuesto sin compartir sus ganancias. 

Lo triste, es que las comunidades indígenas mexicanas no son las únicas. El trabajo textil artesanal de las comunidades indígenas de todo el mundo, es mal pagado, a menudo plagiado y poco reconocido por su valor artístico. 

Los pueblos indígenas del mundo, son uno de los pilares del patrimonio cultural de la humanidad. La devaluación de su trabajo y la dificultad para la distribución de sus productos los perjudica ampliamente.

  • La mayoría de los pueblos indígenas viven en pobreza extrema y están impedidos para mejorar su calidad de vida partir de sus oficios y su arte ancestral.

  • Su cultura está en riesgo, a menudo se mudan a otros oficios para sobrevivir. Esto significa que podrían dejar de traspasar sus conocimientos y costumbres artesanales a las generaciones futuras.

  • Una vez más, están siendo excluidos y alguien con más poder se está aprovechando de ellos. Tal vez la conquista de sus territorios y su ideología, sucedió hace cientos de años, no obstante se han encontrado nuevas maneras más sutiles para desvalorizar sus culturas. 

Es indispensable promover la inclusión y dar valor al arte, la cultura y las tradiciones que han cimentado nuestras sociedades actuales. Es indispensable hacer que aquellos que muchas veces han parecido invisibles, ganen protagonismo de una vez y para siempre. 

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¿Qué acciones puedo tomar?

  • Denuncia cualquier tipo de plagio que identifiques, aprovecha cualquier foro y la proyección que tienen hoy en día las redes sociales.

  • Encara a las marcas que identifiques que han cometido algún plagio, y pregunta directamente, quién es el verdadero creador de sus diseños y si están haciendo algo por reconocer su trabajo.

  • Asegúrate de comprar artículos artesanales comercializados de manera justa, o compra directamente de la mano de los creadores. Es momento de que los creadores se conviertan en los principales actores de la industria. Todo lo que consumes importa.

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