Año Nuevo

Felicidades, ha terminado el año del fin del mundo y cuando el reloj marque las 12 de la madrugada del primer día del Año Nuevo; estaremos física y mentalmente en otro plano.

Seguramente seguirás siendo la misma persona, pero el Año Nuevo brinda cierta tranquilidad al individuo que padece de la necesidad de comprar un nuevo calendario para sentir que ha avanzado en la vida.

El así llamado 2020, tendrá cursos de historia dedicados a estudiar su desarrollo mes a mes; y no contento con eso, seguirá dando de qué hablar hasta el próximo evento apocalíptico.

Pero eso ya no importa, no importa porque ya se ha terminado, ya está aquí el nuevo año; evento que se celebra aunque no quieras, pues nadie puede detener el tiempo.

El inconsciente colectivo asume que con la llegada de un año nuevo, también llegan nuevos retos y oportunidades; nuevos y nuevos y nuevos y nuevos, pero…

Solemos llevar nuestra vida de la misma manera el 31 de Diciembre que el 16 de Abril; como si el mundo a nuestro alrededor tuviera que cambiar a nuestro favor.

¿Qué no se supone que los que debemos cambiar somos nosotros?

Lo curioso es que los cambios radicales en las personas, no se deben a que pasen 12 meses del calendario Gregoriano; sino a los eventos que les obligan a cambiar su manera de ser.

Desde la pérdida de sus llaves, obligándoles a quedarse afuera de su casa durante horas; hasta la ruptura con la pareja amorosa, o la muerte de un ser querido.

Es ahí cuando el individuo se ve obligado a cambiar, y con él cambiará su entorno. Es algo que ya había dicho Michael Jackson en esa canción “El sujeto del espejo”.

Ya hay muchas personas listas, haciendo fila para subirse al barco de la así llamada “vida fitness”; a sabiendas que en la primera parada se van bajar.

Se puede decir lo mismo del crucero del “arte”, la “lectura” y el camión del “trabajo”. Usualmente todas esas empresas comienzan bajo el supuesto de que el Año Nuevo trae consigo un aura de positividad y buena suerte; para quien desea que de un día para otro su vida de una vuelta de 180°. Y de no ser porque se quede dormido con la estufa prendida, es un tanto difícil que ocurra.

Se tiene la ilusión de que el año que viene todo será mejor, simplemente porque no tendrá la etiqueta de “2020”, pero no debemos olvidar que la pandemia sigue existiendo; y que probablemente después de ella venga otra que reafirme la ley de Murphy: “cuando algo va mal, siempre puede ir peor”. Por lo que habríamos de replantear nuestra mera existencia, si es que nos da tiempo de meditar antes de que el apocalipsis deje de ir lento pero seguro, y decida pasar a rápido y furioso.

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