Pizarnik

Flora Alejandra Pizarnik Bromiker es el nombre completo de la autora de Árbol de Diana, La condesa sangrienta, Anillos de ceniza, Madrugada, Cuarto solo, entre otros textos más. Nació en el planeta Tierra el 19 de abril de 1936 en territorio argentino, aunque sus padres eran de ascendencia ruso-judía.

Las líneas que dibujan a tan complejo ser humano se trazan en sus problemas emocionales y sociales. Se considera a sí misma una paria del mundo: alejada del tic tac del ser humano promedio.

Sus manos estuvieron destinadas a la escritura. Tecleó en las máquinas de escribir francesas. Escribió de sí misma en los cuadernos donde plasmó sus obras. Creó los versos de La tierra más ajena (1955): “La noche se astilló en estrellas mirándome alucinada”.

Pizarnik viajó a París durante su juventud y alquiló un departamento entre 1960 y 1964. Su faena como escritora le permitió conocer de cerca a la feminista parisina, Simone de Beauvoir, autora de El segundo sexo.

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Su encuentro no fue formidable, pues la argentina no encontró forma de conversación con Beauvoir. Sin embargo, el país se volvió la sede de su inspiración y la corriente francesa del surrealismo literario captó su interés.

En esa misma época hizo amistad con Julio Cortázar y Octavio Paz. Años más tarde, 1962, Paz escribiría el prólogo del libro Árbol de Diana, al cual define como verdadero y con luz propia.

Infancia en guerra

El apellido real del que procede la poeta es Phozarnik, pero al llegar a la Argentina sufrió una transformación gramatical que culminó en la modificación del nombre de su padre, ahora nombrado: Elías Pizarnik.

Avellaneda fue la ciudad donde vivió Alejandra, junto a su madre, Rejzla Bromiker, y su hermana, Myriam. En los siguientes años, las tres se convirtieron en testigos de la Segunda Guerra Mundial: el nazismo inundaba al continente europeo.

Sus familiares, descendientes judíos, quedaron sepultados en el Holocausto. Para la poetisa ese acontecimiento representa un encuentro prematuro con la muerte. Provocando en su edad adulta eludir los temas bélicos o políticos.

Un naufragio de incertidumbre rodeó a la protagonista, mientras transitaba en la etapa de la adolescencia. Los problemas de acné, tendencia al sobrepeso y un leve tartamudeo en el lenguaje la enfrascaron en inseguridades personales.

Parte de su preocupación por “cuidar” de su peso corporal, la indujo al consumo de anfetaminas, las cuales se vendían de manera normal en esa época. En esos mismos años se desarrolla, turbulentamente, la relación con su madre: después del fallecimiento de su progenitor.

Formación académica

El documental, Memoria Iluminada, retrata la actitud de la poeta como desinteresada en el sistema educativo: evaluaciones, asistencia, tareas, calificaciones. Al parecer, el aparato universitario era irrelevante para Pizarnik.

Un concepto contrastante con los recuerdos de quienes la vieron tomar apuntes, levantar la mano, opinar y preguntar. Se deduce, por la conducta, que la escritora tenía interés nato en aprender sobre literatura, pero no en sus calificaciones.

Su formación escolar se desplazó en tres áreas: la Filosofía, las Letras y el Periodismo. Siendo este último el que provocó sus primeras faenas remunerativas. Entre sus mentores, fue Juan Jacobo Bajarlía quien la incitó a adentrarse en la Literatura Moderna.

Cenizas al alba: el adiós de Alejandra

Mañana
me vestirán con cenizas al alba,
me llenarán la boca de flores.
Aprenderé a dormir
en la memoria de un muro,
en la respiración de un animal que sueña.
Alejandra P.

Las letras de Alejandra Pizarnik, junto con ella misma, no se pueden explicar sin sus emociones lúgubres, aisladas y depresivas. Por ello, los coqueteos con la muerte se volvieron más cercanos en su línea de vida, por su sentimiento de soledad.

Sus versos representan dolor, sufrimiento y melancolía. Podría pensarse que todo fue una consecuencia de sus gustos literarios: el existencialismo de Jean Paul Sartre y los versos surrealistas de Arthur Rimbaud.

Pero tan solo es un análisis efímero, pues el resultado de su suicidio fue la suma de una tormenta emocional. Una sobredosis de barbitúricos fulminaron el camino de la poeta y la encaminaron a su más deseada huída.

El deceso ocurrió a los 25 días del mes de septiembre del año 1972, con tan solo 36 años de edad. Previamente, Pizarnik atravesó una estadía en el Hospital Pirovano, en Buenos Aires; ahí le realizaron varios métodos arcaicos para “eliminar” sus deseos suicidas.

El despertar

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Alejandra Pizarnik

Si te interesa conocer más sobre esta poeta argentina, te dejamos el link del documental Memoria Iluminada que se encuentra en Youtube.

Fuentes consultadas:
Centro Virtual Cervantes: Alejandra Pizarnik