El lado bueno de la hermandad

De seguro a estas alturas ya terminaste con el catálogo de Netflix, Amazon, HBO… y no sabes que más ver. En esta ocasión te comparto una de mis películas favoritas, que refleja el lado bueno de crecer con alguien de quien a veces nos quejamos mucho. Sin embargo, prescindir de su compañía mientras crecemos, nos cambiaría la vida por completo ¿Te atreves tan siquiera a imaginarlo? Así es, me refiero al lado bueno de la hermandad.

Se llama Nuestra pequeña hermana (Umimachi Diary, 2015), una producción japonesa de Hirokazu Koreeda que describo como íntima.

Al igual que los escritores, muchos cineastas toman parte de sus intimidades y las sacan a ventilar, no importando si llegan a la lástima o trauma del público. Koreeda forma parte de este grupo, como lo plasmó anteriormente en su film De tal padre, tal hijo (Soshite chichi ni Naru, 2013), donde confesó el papel de su paternidad y los estragos de la ausencia de su padre.

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Ahora con Nuestra pequeña hermana (Umimachi Diary, 2015) vuelve a retomar la normalidad de las familias disfuncionales, especialmente aquellas donde hay abandono y muerte.

Igual que en sus trabajos anteriores, como Nadie Sabe (Dare mo shiranai, 2004) y Kiseki: Milagro (Kiseli: I Wish, 2011), refleja la situación de salir adelante sin padre, ni madre; así como el miedo, dolor, soledad y la valentía que esto conlleva.

En el caso de Nuestra pequeña hermana, presenta a tres chicas, cuyo padre las dejó por otra mujer, y cuya madre al no soportar el fracaso que representó su matrimonio, sale disparada al otro lado del país nipón. En donde se desarrolla la historia.

Y como, después de varios años, salen a flote los traumas individuales y el dolor que les causó el abandono, al saber de la muerte de su padre. Situación que trae consigo una sorpresa: una pequeña hermana, a la cual acogen a pesar de saber que es la mitad de “la mujer que destruyó a la familia”.

Típicos dramas característicos del autor, el cual no necesita hacer uso de situaciones fuera de lo común para mostrar la cara más real y humana del dolor.

Koreeda nos deja ver a traves de su lente, la realidad que viven las mujeres en Japón. Y nos muestra las diferentes personalidades femeninas de la actualidad por medio de las protagonistas.

Como la de Sachi (la hermana mayor) discreta, disciplinada, responsable y con tintes de perseverancia; contraria a la de Yoshino, atrevida e intensa, con cierto grado de irresponsabilidad y tintes cómicos; o la de Chika de la que conocemos vestigios de su infancia, de personalidad neutra y divertida; e incluso la favorita, la de la hermana menor, la inocente Suzu, joven que tuvo que madurar cuando la enfermedad de su padre se presentó, convirtiéndose en un ejemplo de inocencia perdida. Mujeres completamente diferentes y complejas a su modo, que comparten una vieja casucha; paralelamente, a una vida arraigada de costumbres.

Pero la trama y los personajes no son lo único que sobresale, la música a cargo de Yoko Kanno da suavidad; mientras la fotografía del Mikiya Takimoto refleja la calidad y destreza de capturar la felicidad de los pequeños momentos, aquellos que son cotidianos bajo los ciruelos del jardín o en el comedor.

En estos 128 minutos de flujo ligero y lento, sin las típicas escenas melodramáticas a las cuales estamos acostumbrados en occidente, se representa de manera sensible, todo aquello oscuro, duro e inmoral de la realidad de muchas familias alrededor del mundo. Lo que le valió la nominación a Hirokazu Koreeda como mejor director en Cannes (2015).

No es una sorpresa de los conocedores de Koreeda, que esta cinta transmita valores familiares con una profunda emoción. Con una trama novedosa que deja un buen sabor de boca.

Asimismo, te hace crecer una singular simpatía por el otro, dado que ayuda a recordar lo bueno de aquellas personas a las que llamamos hermanos, por medio de la cotidianidad e intimidad diaria. Y solo por aquella simpatía y por retomar el lado bueno de la hermandad, que a veces olvidamos, recomiendo la película.