marcas de lujo y arte

La semana pasada Alejandra Jiménez (Directora Editorial de Corima Online) comentaba: 

Pensaba sobre las marcas de lujo y el arte; y cómo ambos han sido posicionados como objetos de élite; porque poseerlos, en el imaginario colectivo también significa tener estatus, dinero y buen gusto.

Reflexión que derivó en la solicitud de este artículo para responder a la siguiente pregunta, que posiblemente nuestros lectores se hayan hecho en algún momento:

¿Por qué una banana pegada con tape en la pared puede valer miles de euros; lo mismo que una cartera, bolsa o lo que sea con un monograma repetido decenas de veces?

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El verdadero valor de las marcas de lujo y el arte

Antes de tomar el asunto y tratar de dar una respuesta convincente al respecto; considero pertinente aclarar que existen varios tipos de valores. Teoría que inició con Karl Max por el siglo XIX, al hablarnos de los tipos de valores de las mercancías.

Según la propuesta del alemán existían dos:

1.- Valor de uso (utilidad del producto concreto) y

2.- Valor de cambio (para volverla equivalente, medible y comparable a otras mercancías)

Esta última dependía, para el éxito de una transacción, de otra cosa; algo que no fuera una mercancía pero sí un símbolo de la misma o el valor de esta, consensuada a nivel social; y que no era otra cosa que el dinero; cuyo papel o metal representa simbólicamente una cantidad monetaria. 

Posteriormente, Jean Baudrillard anexa el valor simbólico; donde la mercancía deja de ser un simple objeto, y escapa de las determinaciones del valor de uso y de cambio, para adquirir un valor arbitrario y singular; a consecuencia de un consenso entre un gremio determinado.  

Y es en este último en donde se encuentran las marcas de lujo y el arte.

Si bien siempre se va a reconocer la calidad, minuciosidad, unicidad y el trabajo a mano que hay tanto en una obra de arte como en un bolso de Louis Vuitton; también interfieren los símbolos adheridos a este tipo de mercancías lujosas, tales como: estatus, buen gusto, unicidad o refinamiento.

Ideas que no han sido aleatorias; al contrario, han sido construidas y sostenidas por el mercado de las marcas de lujo y el arte para justificar su precio, atención personalizada y otros servicios que se le dan al cliente “billetudo”.  

No omitiendo la garantía.

En los artículos de lujo; en primer nivel, muchas veces los argumentos que se usan son el trabajo a mano, el tipo de materiales, tecnología y potencia del producto.

Se le anexan la unicidad como el caso de los zapatos George Cleverley; iniciativa que ofrece zapatos a la medida desde hace quien sabe cuando, y cuyos clientes han sido: Winston Churchill, Gary Cooper, Clark Gable,  Humphrey Bogart o el actor de acción Jason Statham quien los considera “los mejores zapatos del planeta”.

Zapatos George Cleverley

En otras marcas se anexan la privacidad, experiencia de visitar la tienda, eventos VIP e incluso la dificultad para adquirir el producto, como según me contaron pasa con Anthony Delos; uno de los mejores hormeros del mundo, que cobra cifras de cinco dígitos por cada par de zapatos que hace una vez al mes. 

Después (en los siguientes niveles) se agregan simbolismos; que inician desde la modelo o actriz  que promociona el producto bajo la etiqueta de “embajador de la marca”. 

Las cuáles más allá de convencernos de que el producto es bueno, nos hacen querer desearlo para poder ser como ellas o ellos; deseados, exitosos o sensuales. 

Y bueno; por medio de los comerciales, las frases y spots van colocando los valores de estatus, estilo de vida, etc., que llevan a que muchos adquieran el producto por lo que representan o les pueden ayudar a representar en su vida más allá del valor de uso o de cambio.

Entenderlo señores, les ayudará a dejar de decir: pero es un simple bolso o ¿cómo esa cartera vale tanto?

Por otro lado, en el mundo del arte

Por otro lado, en el mundo del arte, una obra tiene valor no por lo que costaron la tela y las pinturas; a veces ni siquiera el expertise o técnica del artista.

Adquiere su valor por la fama y reconocimiento del artista, su posicionamiento dentro del mercado del arte y en algunos casos influye quien ha sido su  propietario anterior, la relevancia que tiene dentro del gremio o el simbolismo que presenta para una sociedad. 

Y comparte los valores de estatus, unicidad y otros propios de la élite como refinamiento y buen gusto; al igual que cualquier otro artículo de lujo o inversión dado el contexto capitalista en el que vivimos.

Y bueno, ya después de lo anterior retomo la pregunta que nos llevó a realizar este análisis y la contesto:

Una banana pegada con tape en la pared no tiene el mismo valor de uso que un objeto de lujo, dado que sirven (o no) para fines diferentes; pueden compartir el valor de cambio en el sentido que valgan lo mismo monetariamente pero es poco probable; y sin duda alguna, tienen cada quien por su lado un valor simbólico, que si bien parte de la clase privilegiada, se desarrollan en ámbitos muy diferentes. 

¿Pero cómo es que un vestido o bolso puede ser considerado como “obra de arte” ?

Ojo, un vestido de Chanel o un bolso Louis Vuitton pueden ser descritos como obra de arte por el expertise, unicidad o parteaguas en la Historia de la Moda. Asimismo, por la innovación que hay de trasfondo o el diseño innovador que puede marcar tendencia; pero nada o poco tiene que ver con los parámetros artístico-estéticos bajo los cuales el gremio artístico y  mercado del arte designa como obra maestra un cuadro de Da Vinci o Rafael. 

¿O ustedes van con los mismos valores en la cabeza a contemplar la Mona Lisa y “El Ford” de Coco Channel?

Pues no.

“El Ford” de Coco Channel es el vestido negro de 1926 que permitió dejar de lado vestidos largos y pomosos para el cuerpo femenino, y optar por otro modelo asequible, accesible, elegante, sencillo, atemporal y femenino.
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Para concluir, basta decir que a pesar de que forman parte (los artículos de lujo y el arte) de dos mundos diferentes, siempre se les va reconocer que de alguna manera u otra han conformado nuestra cultura y fomentan la creatividad e innovación que nos permite seguir avanzando y seguir construyendo nuestro deseo de hacer cosas nuevas; y eso para mi es la gran valía de todas.