escuela online

Actualmente, por la pandemia de Covid-19, gran parte de la sociedad, de todas las latitudes ha apostado por la escuela online; o como en el caso de México, a través de la televisión. Sea cual sea, al final, medios de comunicación; alejados, fríos e incómodos, que también reflejan las brechas y desigualdades en las que vivimos. 

En donde algunos pueden tomar clases por video conferencias, plataformas de enseñanza como Moodboard o Blackboard; con laptops, ipads de última generación, maestros con metodologías pedagógicas actuales y en la comodidad de una casa con todos los servicios básicos.

Mientras otros estudiantes, deben pedir al vecino ver la televisión,  preguntar al compañero lo que pasó en la tele y/o clase (porque no pueden acceder a los medios o deben continuar trabajando) o, cómo los noticieros nos han mostrado, en la calle con un teléfono, tratando de adaptar la banqueta en un salón de clases; muchas veces al lado de padres del comercio informal que tratan de chambear al tiempo que asesoran a sus niños.

“Porque al final de cuentas, los medios adaptados, no por comodidad sino por las circunstancias actuales, sólo nos permiten hablar a una interfaz sin saber si hay personas del otro lado escuchando; y lo más importante, si los alumnos comprenden o aprenden”.

Varios medios de comunicación se enfocan en los errores, pero creo que también sería pertinente reflexionar en torno a lo que hemos perdido con la escuela online y la educación a distancia. 

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Al hablar de ello, debemos acercarnos a los profesores, estudiantes y padres de familia, cada uno de los cuáles enfrenta retos particulares.

Mis vecinas, maestras de primaria, al preguntarles de su situación, suspiran (no sé si de alivio o frustración) y contestan: — las semanas pasadas fueron pesadas porque tuvimos reuniones, pláticas y formación; y ahora debemos crear actividades que permitan seguir el desarrollo de los niños, muchos de los cuáles no tienen el apoyo de sus padres, independencia y la disciplina de trabajar por su cuenta. Entonces no sabes si estás haciendo algo provechoso.

Posteriormente, al preguntarle a los niños (los que viven por mis rumbos) la mayoría contestó que muchas veces no le entienden a lo que se presenta en televisión, algunos ni siquiera la ven o saben algo porque no hay alguien adulto y/o  responsable con la intención de que continúen estudiando, y lo que más extrañan es el recreo. De hecho, mi hermana pequeña ha mostrado una fuerte aversión por la escuela online, al preguntarle su opinión, lo que contestó fue: — es que aquí no hay recreo, ni niños con quien jugar—  por lo tanto, las clases en línea resultan aburridas para ella.

“Y bueno, los padres deben hacer malabares entre sus propias responsabilidades, problemas, afectaciones y muchas otras cosas más; y ahora, también con el agregado papel de maestros”.

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La situación se complica aún más cuando se sabe que la gran mayoría de éstos sólo tienen la educación básica y les ha costado aprender a usar la tecnología, apps y las plataformas que necesitan utilizar los niños. Y por último, pero no menos importante, la paciencia para enseñar a los niños a quienes también les ha afectado la larga temporada vacacional, en el sentido en que se les han olvidado las cosas, incluyendo la rutina y disciplina adoptadas en el salón de clases, lo que se complica aún más cuando estás en la casa, muy cerquita de los videojuegos y toda clase de distracciones.

Sin duda alguna y después de ver a grandes rasgos tres perspectivas de la escuela online, noto que lo que hemos perdido es la esencia de la comunicación personal, la oportunidad de ver al otro para inferir (por sus gestos físicos) en qué situación se encuentra.

Poder explicar de manera eficaz nuestros problemas, lo que no entendemos, en donde estamos trabados; y que la contraparte lo entienda.  

Si bien, algunos ven en tal situación el fracaso, creo que debemos de dejar el derrotismo en otro lado. Empezar a ver opciones y otras maneras para mejorar la situación, porque ya llevamos medio año de pandemia, suficiente para darnos cuenta que la educación ha comenzado una etapa de transformación en donde, como en todo, los que mejor se adapten serán los triunfadores.  

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