Picasso

En 1954, en un pueblito de la Riviera Francesa llamado Vallauris, vivía una chica con una hermosa cabellera, compuesta de rizos dorados rebeldes, los cuales trataba de domar con una coleta alta; su nombre era Sylvette David.

De la mano de la periodista Felicity Hawkins, la musa de Picasso cuenta que en ese tiempo ella y Toby Jellinek, (su novio del momento) estudiaban en Summerhill (Suffolk); pero que posteriormente decidieron mudarse a Vallauris, localidad en donde vivía la madre de la chica; y claro, uno de los pintores más famosos de la época: Pablo Picasso. 

El cual acostumbraba organizar eventos sociales, tales como corridas de toros en la plaza principal, lo cual no solo lo llevó a ser un vecino de fama internacional, sino también, uno de los más apreciados y queridos del poblado. 

Ante la falta de dinero y tratando de aprovechar su formación en diseño de muebles, Toby decidió hacer sillas y exhibirlas en el pueblo. Pensando que uno que otro las compraría. Jamás imaginó que uno de ellos sería el artista español. 

Al saber de ello, Sylvette se emocionó y tal vez se puso un poco nerviosa al saber que ella sería la encargada de entregar los muebles, actividad que realizó con diligencia pensando en tal momento como un encuentro causal; desconociendo la trascendencia e importancia del evento. 

Como siempre y se acostumbra en todos los pueblos, pronto empezaron a surgir rumores. Decían que el artista le había echado el ojo a la joven Sylvette David. Tal vez por que se asemejaba un poco a Brigitte Bardot, decían algunas miradas de envidia.

Lo cierto es que Sylvette confirmó su impacto en el artista cuando este le dijo que le encantaba su cola de caballo y sus mechones de pelo colgando a los lados  de su cuello largo. 

Más allá de ser una revelación, fue el comienzo de una relación artista – musa.

Sylvette empezó a ir al estudio del artista y posar en medio de cabezas de cabra, pedazos de plástico, fragmentos de metal, juguetes viejos e instrumentos musicales.  

De aquella época comenta: “Me sentaba en la mecedora a fumar los cigarros que él me compraba, y yo me dormía allí mientras él trabajaba. Todo era muy sencillo y relajado”.

En esa etapa, Picasso realizó una serie de retratos en donde la chica aparece sin boca; claro que a todos les llamó la curiosidad. Al preguntarle a la musa, ella contestó: “Solía pintarme así porque mi timidez me impedía hablar”.

Añade: “Creo que en esos cuadros también se nota la influencia de un libro francés para niños que fue muy popular en esa época. Se llamaba Bécassine y trataba sobre una niñita que no tenía boca pero era muy lista y vivía grandes aventuras. Él me decía que quería darme una voz”; y claro que lo hizo.

Le mostró, a la que era una muchacha tímida y asustadiza, el maravilloso mundo del arte y la llave para abrir puertas en todo el mundo.

Y a pesar de que su relación se rompió cuando el malagueño se mudó a Mougins, Sylvette siempre lo apreció y recuerda con cariño esa época, demostrado al decir: “es un regalo que conservaré siempre”. 

Actualmente, Sylvette David vive bajo  el nombre de Lydia Corbett y se ha convertido en una gran mujer artista; con exposiciones en Europa, Asia y América.  

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Fuente consultada:

Hawkins, Felicity, La musa de Picasso, Selecciones, The Reader’s Digest, febrero 2009.