Halloween nacional
La tradición ancestral mexicana del Día de Muertos y Halloween, homologadas en un solo festejo, al que bautizamos como Halloween Nacional.

Este año, gracias al repentino fin del mundo, será difícil poder apreciar los adornos festivos que llegan con el mes de Octubre; debido a la incómoda sensación de estar infringiendo con las reglas del aislamiento voluntario. Pero eso no nos detiene de poder admirar las decoraciones que se ofrecen en supermercados bajo la etiqueta “de temporada”.

Es maravilloso ver cuántas formas puede tomar el plástico para su reventa individual; esqueletos, arañas, calabazas, vampiros, zombies, una auténtica enciclopedia escultórica de los monstruos que la cultura cinematográfica nos ha enseñado a temer y adorar.

Igualmente podremos encontrarnos con disfraces de dudosa calidad; junto a todos los cuernos, trinches de diablo y máscaras que se han ido quedando de años pasados bajo la etiqueta de “rebajas”.

Eso no significa que el estar en casa nos limite la experiencia de disfrutar de las festividades. La televisión se encargará de alimentarnos con maratones que llevan como estandarte las palabras Terror, horror, o miedo; el concepto más conocido es el de Películas para no dormir.

El internet nos bombardea con tutoriales para maquillaje, recetas de dulce de calabaza, y el top 10 de actrices porno disfrazadas. Sin embargo pareciera que falta algo, los dulces.

—¿Cómo es posible que falten los dulces? eso es lo más importante, sino qué es lo que se le dará a los niños cuando pasen…oh cierto, no van a pasar; ¿pero si no pasan para qué sirve tanta parafernalia?

La sensación de comunidad se rompe y solo quedan las historias que dan sentido a los habitantes dentro de sus tumbas de concreto; alumbradas, con agua corriente y gas natural (en el mejor de los casos).

Pareciera ser que el combo de tres días festivos que representan el Día de muertos y el Halloween, están perdidos.

¿De qué sirve adornar si ya nadie va a verlo?

—Es un momento para poder reencontrarte con tus muertos, podrían decir algunos.

Como si fuera una obligación ser parte de la tradición que desea la veneración de todo tu árbol genealógico. Asumiendo que poner sus fotografías en la sala, hiciera que nos sentiremos menos culpables por ignorarlos el resto del año.

Eso en el caso de que les conocieras, de lo contrario es un poco raro llenar la sala con fotos de desconocidos y ofrecerles mandarinas.

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Solo queda sopesar la idea de pasar las festividades como si fueran otro día durante la pandemia, y luchar para que la decepción no llegue a tu rostro y termine en una botella de alcohol. Eso significa que no somos otra cosa que esclavos del calendario Gregoriano; ovejas que esperan la llegada de un día en concreto para poder darse el lujo de convertirse en ese ser, que usa tanto maquillaje que no lo deja sudar. 

Ni Halloween, ni Día de Muertos; tenemos el derecho y el deber de disfrutar de la magia de esas fechas todos los días del año. Ser un miembro honorario de la familia Addams y abrazar las responsabilidades que conlleva ser “El personaje de la colonia”.

Hay que darnos la oportunidad de homenajear a nuestros muertos, no en una fecha establecida, sino todo el año; o incluso aceptar que romper con la tradición no nos hace ni mejores ni peores personas.

Si el deseo es tan grande, si resulta ser el motor que nos mantiene con vida otro año, no haría daño el dejar de verlo como una ocasión y volverlo un estilo de vida.

Y así, cuando el fin del mundo termine con todo, admirar como las calles lentamente van aglomerándose con todos esos monstruos de plástico, disfraces hechos en china y maquillaje barato. 

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