Gracias oronavirus

Si habrán leído La muerte en los tiempos de Covid-19 sabrán de mi experiencia cercana a la muerte y pérdida familiar por tal virus, hasta el momento indomable en tierra mexicana en el campo médico, porque en el campo musical ya tenemos la cumbia del coronavirus.

Ocho días después, dos parientes más perecieron. Literalmente, pasaron a mejor vida con horas de diferencia. Nos dieron la noticia por teléfono, y dado el origen de la defunción no vimos el cuerpo, ni la fosa. En sí, ninguna de las variables de un funeral normal. Fue raro. El único recordatorio de la ausencia de mis familiares son las palabras de consolación y resignación que da el padre en las misas y rosarios online.

La tensión y preocupación familiar llegó a límites nunca antes vistos. Lo anterior me llevó a tomar conciencia de que el Covid-19 no sólo afecta al enfermo, sino a sus cercanos, en todos los sentidos.

Por propia experiencia, puedo decir que esta situación no solo te agota económicamente; también, en cuerpo y mente.

Al final, terminas en un estado de tensión, preocupación y miedo constante. Reflejado en preguntar cada 2 horas en el grupo de WhatsApp ¿cómo están?, ¿cómo amanecieron?;  compartir a tus conocidos todos los posts en relación a cómo protegerse y en limpiar con más ahínco la casa.

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¿Y entonces por qué podría dar las gracias al Coronavirus?

Por qué después del dolor y lágrimas tal situación me hizo cambiar mi forma de ver el mundo.

Antes colocaba toda mi atención en el trabajo y escuela.

Pasé por alto experiencias nuevas, que tal vez hubieran sido enriquecedoras.

Decidía quedarme en mi casa, frente a la computadora, en lugar de salir y conocer nuevas personas.

Omitía aquellos comentarios que decían .- Debes relajarte un poco.

Ahora tomo conciencia de ello, y más allá de arrepentirme, trato de ver con buenos ojos la situación en la que estoy ahora, pensando en que es un momento único.

Un momento para acercarme a mis padres, y no sólo conocer la parte sería (la regañona, que pide buenas calificaciones y modales impecables), sino también la parte humana. Es decir, su forma de pensar y lo que les gusta.

Aunque no lo crean, antes ni siquiera sabía de qué hablar con ellos, más allá de los deberes. Ahora, puedo decir que a mi papá le gusta el box, los chistes y memes, que ahora compartimos.

En cuanto a mi mamá, me acabo de enterar que le gustan las ensaladas, es fanática de Harry Potter, está en mil y tantos grupos de Facebook ; y es súper amiga de su consuegra.

Mis hermanos no se quedan atrás, he conocido que son unos cinéfilos de primera. Además, que a Beto le gusta la aviación y que mi hermana Emma hace sus propias obras de teatro con todos sus muñecos y peluches.

En cuanto a mí, he podido realizar un ejercicio de introspección y proyección hacia el futuro.

Si bien no sabemos qué pasará después. Me gusta pensar en cada momento que pasó como un buen recuerdo que no se repetirá. Por ejemplo, ayer mientras descansaba en la sala me decía a mi misma —Disfruta, por que no sabes cuando vas a volver a sentarte a tomar agua de papaya, y comer un Pelón Pelo Rico.

También, me he parado a ver el atardecer y dedicó aunque sea algunos momentos en ver cómo los últimos rayos del sol matizan las nubes en tonos, que van desde el amarillo al rojizo.

¿Por qué cuántas veces podremos disfrutar de ellos? De la familia y de aquellos momentos sencillos, pero placenteros.

Y es por ello que aún con todo lo que ha acontecido digo —Gracias Coronavirus.

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