Evolución de la Navidad

Todo ser pensante alguna vez se preguntó sobre lo qué significa ponerle bolas de cristal y luces a un árbol; para mantenerlo alumbrado dentro de sus casas durante un mes, como si de un tótem se tratara.

Poco se menciona sobre los rituales paganos y la adopción de costumbres escandinavas para celebrar el solsticio de diciembre, pero cuando sale a relucir; uno alegremente imagina que de alguna manera, por muy pequeña que sea, que está honrando los ritos de las personas a quienes la historia llamaría vikingos.

Sí resulta que eres fan de la serie homónima, seguramente varias preguntas saltarán a tu cabeza :

“¿Santa les traía hachas a los niños buenos o a los malos?

¿Dónde entra Jesús en todo esto?”

¿Era tradición asaltar asentamientos vecinos con la intención de esparcir el espíritu navideño?”

Resulta un poco absurdo intentar visualizar a estas personas metiendo un árbol a sus pequeños hogares y llenándolo de adornos y riquezas; para esperar que un hombre viejo y gordo entrará por la noche a dejarles regalos.

Es inevitable pensar que podrían asaltar al anciano en cuestión para quedarse con todo los bienes materiales, pero entonces…

¿De dónde viene la Navidad que conocemos?

Comenzó como una festividad que conmemoraba la llegada del invierno; pero entre eso y un hombre de rojo entrando a dejar regalos a las casas hay un trecho bastante largo.

Y en medio de todo, meter el nacimiento de Jesús, hijo de Dios dentro de la religión católica-cristiana-protestante; para finalizar en una compleja red de publicidad masiva que se dedica a lavarnos el cerebro para que compremos despavoridamente en las rebajas de fin de año. A decir verdad, la Navidad es todo lo anterior junto.

La Navidad ha ido evolucionando junto con la población, cuya cosmovisión es occidental, esto se puede ver reflejado en las potencias Europeas y sus colonias; y en todo lo que puede representar la frase “La historia la escriben los ganadores”.

Así como las naciones europeas, las sociedades y las personas han evolucionado desde las épocas en las que era socialmente aceptable tener esclavos; la Navidad los ha acompañado durante todo el trayecto.

Desde los nórdicos que quemaban un árbol y festejaban con un festín el inicio del invierno, bajo la premisa de que después de los largos días oscuros llegarán largos días soleados.

Hasta la época en la que el Cristianismo se esparciera, y se decidiera que el 25 de Diciembre fue el día en nació el llamado hijo de Dios.

Una exótica evolución en la que se enfrentarían la parte religiosa y solemne con la fiesta y los excesos de las fiestas paganas decembrinas. 

Poco a poco la Navidad se propagaría por el mundo, tomando diferentes formas hasta convertirse en lo que conocemos hoy.

La creación de Santa Claus, por parte de creativos Estadounidenses en la década de los 60’s y otros atributos que reconocemos en los ornamentos navideños; comparten valores distintos, que van desde unidad familiar, valores religiosos, hasta vida y eternidad en el caso de las coronas navideñas.

Figuras emblemáticas de la Navidad, que hoy forman parte arraigada del imaginario colectivo, también han sido re concebidas y utilizadas con fines mercadológicos.

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La Navidad sigue evolucionando, y aunque se encuentra un poco estancada en el dar y recibir objetos, no se limita a eso.

Cada uno de los eventos/íconos/rituales que giran alrededor del mes de Diciembre; fueron emergiendo para no desaparecer en el abismo de las festividades olvidadas de los cristianizados.

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El misterio de cómo será la Navidad en el futuro

Y en este año, el asombroso 2020, hacedor de viudas, destructor de hogares y empalador de sueños; es evidente que la Navidad no será como siempre lo ha sido.

Tendrá que evolucionar si quiere seguir en lo alto de la cadena de días festivos, junto al día de las madres y el día de la indepencia.

Tal vez este año tenga otra cara, y no sean los regalos lo que la pongan en movimiento; sino simplemente agradecer que tu familia tiene salud, o que ningún pariente o amigo se le derritió el cerebro sobre los pulmones.

Las prioridades cambian, la gente cambia, y la Navidad se adapta.