Año 2020 Navidad

Diciembre, el mes del año reconocido mayormente por sus reuniones familiares, Navidad, las promesas que se dicen y nunca se cumplen, y la ilusión de recibir algo a cambio de nada; ha quedado dañado profundamente debido a la situación actual, que hace que todo lo que se acostumbraba, hoy resulte ilegal.

Las reuniones familiares han sido canceladas, porque si la abuela muere comenzará una lucha por lo bienes para la cual nadie está emocionalmente preparado; no sirve de nada hacer promesas, sí el día a día resulta ser una odisea agónica.

Eso no significa que diciembre haya dejado de ser el mes más esperado del año. Y siga cargado con toda la felicidad que los medios se han dedicado a implantarnos año tras año; en una gran campaña publicitaria para anular las inhibiciones de las personas a realizar gastos innecesarios, o sacar préstamos que tardarán toda una vida en pagar.

Uno de los síntomas inesperados del fin del mundo, es que este año la Navidad trae verdadera esperanza a la gente.

Navidad es una gran excusa para perdonar, regalar o aceptar; ya que se habita dentro un ambiente colorido en donde no parece existir lugar para sentimientos negativos.

Tomando en cuenta las condiciones en las que llegamos al final de este año, tal vez buscando un poco de felicidad; la gente se ha dispuesto a hacer grandes filas para adquirir todo tipo regalos y adornos navideños.

Podemos decir que la Navidad no es más que una campaña bastante elaborada para hacer que en fin de año se lleve a cabo un intercambio masivo de productos.

Aunque este año parece ser diferente; las personas adornan su hogares y se montan a la bestia navideña bajo la ilusión de vivir algo que les genere felicidad en el conocido Año de la Pandemia.

¿Qué importa si eso significa darle la razón a  las grandes corporaciones? todo se limitaría a preguntarnos cuánto vale la felicidad. Puede que para algunos sea demasiado cara y para otros sea algo tan simple como un montón de luces de colores adornando su sala.

Nos gusta sentir que conocemos el hilo negro, y que somos más listos que la industria, pero el mundo ya no carbura como lo hacía hace un año.

Calidad sobre cantidad

Es el nuevo eslogan al que debemos acostumbrarnos, porque si algo aprendimos este año, es que no sirve de nada planear el futuro si en tres semanas amaneces junto a Maradona.

Si lo que el mundo necesita es un poco de esperanza que se puede adquirir en forma de artículos decorativos a precios razonables, sería tonto ignorarla. 

Puede que este año encontremos en esta temporada lo que tantas películas nos han contando; que no importa el capital material que se adquiera en estas fechas “mágicas”, sino el capital sentimental/amoroso/interpersonal que llevamos cargando día a día; los amigos, la familia y todo eso que teóricamente da luz a la vida.

Habría que darse una vuelta para apreciar el nivel de felicidad del que está hambrienta la gente; la cantidad de casas adornadas, y cómo esto refleja lo mucho que nos hemos alejado de las promesas e ideales que se construyeron bajo la influencia del alcohol y la idea de “un mundo mejor”.

Hemos estado rogando durante tanto tiempo que el año mejore, y quizás no notamos que quienes mejoraron fuimos nosotros. Que gracias al fin del mundo nos reencontramos con la persona que queríamos ser, y ahora que llegaron las festividades no tenemos ningún problema con demostrarlo.

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