Arte contemporaneo

Cuando vamos a una feria de arte, galería, residencia o exposición de arte contemporáneo y nos encontramos con cajas de zapatos vacías, ramas de árbol con resortes, tiburones en estanques con solución de aldehído fórmico o vitrinas colgando en categoría de “obras de arte” nos quedamos desconcertados. 

Para muchos es el momento en que se transforman en una una réplica de Avelina Lésper y declaran.- Eso no es arte, ¿qué tiene de chiste? o lo podría hacer mi hijo de cinco años.

Si vamos acompañados, seguramente girarás y le dirás al de a lado — Esto es una tomada de pelo – e incluso podrías recordar el famoso cuento de El nuevo traje del emperador, también conocido como el Rey va desnudo. 

De igual manera, podrías enojarte en el caso de que se comente que el artista ha obtenido una beca del gobierno; porque ello implica que lo que ves, es el producto al que fueron destinados tus impuestos.  

Si hasta el momento te has sentido identificado, entonces, seguramente, habré atinado al decir que has salido de una exposición disgustado y rompiendo toda relación con el arte contemporáneo. Lo que implica quedarse enamorado de por vida del renacimiento, los muralistas o una que otra pintura “bonita” que sea un blockbuster en el museo. 

Otro caso podría ser que tengas miedo. Que consideres que todos aquellos lugares que enumerée en el primer párrafo no son para tí; lo que implica alejarte de todo aquello que diga arte contemporáneo porque no lo entiendes, y piensas que todos aquellos seres vestidos de negro, estrafalarios o muy desgarbados (como a veces se ven algunos) estan locos o son de otro mundo.

Sea cual sea tu caso, el punto es que has dejado toda relación e interés en el arte contemporáneo.

Como historiadora de arte, y en su momento, mediadora en una institución museística, he visto la situación con mis propios ojos; es más, me han gritado estafadora y algunos familiares me consideran loca y un poco mala por romper el corazón de mi hermana (de cinco años) al decirle que no es una artista y que sus garabatos no los puedo admirar; y mucho menos vender, para tener dinero para juguetes.  

Al principio tomé una posición inflexible y decía —no me importa lo que digan, no es mi culpa que no entiendan. Al fin y al cabo el arte no es para todos. 

Pero ahora, después de unos buenos baños de humildad, dos que tres asesorías y cursos; me doy cuenta que si la sociedad (en general) no está conectada con el arte, no le da valor alguno, no le importa; ni muchos menos, lo considera imprescindible para el desarrollo de nuestra sociedad.

¿Y cómo se ve reflejada tal situación?

Pues en las políticas culturales, las ambigüedades en los derechos de autor, el recorte presupuestario en las artes y la cultura; y principalmente, en la desvalorización e invisibilización del trabajo de todos aquellos que pertenecemos al gremio cultural. Afectado con mayor fuerza en los tiempos de crisis, como el actual. 

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Una vez tomando conciencia de lo anterior, he decidido cambiar de estrategia y perspectiva. Es decir, intentar entenderte a ti: el espectador, ver la situación en la que estás junto con tus dudas, críticas y escepticismo referente al arte contemporáneo, pues es parte de mi chamba sin duda alguna; teniendo en cuenta que el “historiografiar” el arte es para los seres humanos; o sea  para tí y las próximas generaciones. Para que más adelante puedan remitirse a mis estudios o a los de cualquier otro historiador, investigador, crítico, etc., y no solo sepan que hace unos años existía un señor apellidado Orozco que se atrevió a poner una caja de zapatos vacía en una Bienal de Venecia, sino que también entiendan porqué lo hizo, por qué adquirió un valor; y que esto los lleve a reflexionar o a realizar alguna otra investigación, crítica, etc. 

Caja de zapatos vacía (“Empty Shoe box”) 1993. Cartón: 4 7/8 x 13 x 8 1/2 in.
Para mayor información de la obra recomiendo el texto  “Caja de zapatos vacía” de David Chan Carrasco.

Pero eso sí, déjame advertirte que el arte contemporáneo es toda una odisea. Si ya de por sí es problemático definir al arte, a eso sumale que todavía hasta el momento cada quien tiene su versión de lo contemporáneo; y es que déjame contarte que contemporáneo no sólo significa todo aquello que sucede en el tiempo presente, también refiere a una simultaneidad cronológica de personajes, eventos y hechos que lleva incluso a pensar en distintas y diversas contemporaneidades, consecuencia de vivir en la posmodernidad. 

¿Suena interesante no?

¿Te gustaría saber más?

Te espero en mi próxima entrega.