cajera

Los tiempos actuales han demostrado que las cajeras (os ) somos trabajadores esenciales; y al mismo tiempo, que formamos parte de un sector vulnerable e invisibilizado por la población en general.

El día de hoy, con la posibilidad de publicar en un medio, me permito recordarles que las cajeras y los cajeros no solo somos las que te cobran tus golosinas, la despensa o el antojito de la tarde. Conformamos un grupo de personas que al igual que tú tratamos de ganarnos la vida honradamente. 

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Dada nuestra ocupación, con horarios que superan al de los godínez, tenemos contacto con mucha personas, y en ocasiones estamos presentes en experiencias incómodas, bizarras o chuscas que al final forman parte de un interesante inventario que esperamos más adelante compartir con nuestros nietos.

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Ahora, después de vivenciar el confinamiento (para nosotros no hubo ninguno) y la “nueva normalidad” han surgidos algunas confesiones que más allá de develar el hilo negro de nuestro trabajo, espero les ayuden a ser más concientes de que el estar detrás de un mostrador no es un lecho de rosas.

Sea que sigas en cuarentena o ya estés en la “nueva normalidad”, debes saber que ya nada es cómo antes. En nuestro sector lo vemos reflejado con la disponibilidad de las tiendas y los productos (y por consiguiente en los precios).

Si bien hace algunos meses teníamos la certeza de que al venir los proveedores o ir a una tienda; íbamos a encontrar una actitud de apertura y la disponibilidad de una diversidad de productos, ahora no es lo mismo.

Por lo tanto, no me encargues cosas y muchos menos te enojes porque llevas dos semanas sin tus palomitas acarameladas y además no tengo razón que darte. A mi, de igual manera, me toca toparme con tiendas cerradas o establecimientos con productos agotados; y en el caso de los refrescos y cheetos; a veces los proveedores ni siquiera vienen o te dicen la razón por la cual ya no surten como antes. 

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Si vienes con prisas, te saltas la fila y omites que estoy atendiendo a una personas, no esperes recibir un buen trato de mi parte, ni en conducta ni en el servicio que ofrezco.

Te atenderé lo más rápido que pueda (dada la instrucción de mi superior), pero como bien dice el refrán, las prisas son malas. En otras palabras, no esperes que pese con exactitud el kilo de frijoles, te despache la lata de chiles de tu marca favorita, trate con cariño los huevos (de gallina, aclaro); e incluso respete el precio de los insumos y haga bien tu cuenta.

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Así que trata de tomar tus previsiones y acepta que en estos días hay que hacer filas. Sí, somos conscientes que no es el ideal de todos; pero recuerda que forman parte de una serie de pautas que previenen y evitan el contagio del Covid-19.

Si eres de los que dicen y piensan que es fácil decirlo desde mi lado, déjame informarte que nosotros tenemos que esperar a que lleguen los proveedores; algunos en la noche, y en algunas otras ocasiones (dependiendo del tipo de negocio) debemos hacer fila afuera de las bodegas, generalmente, antes de abrir los changarros. Lo que implica levantarse temprano para hacer fila a las cinco de la mañana y en el tiempo de espera, rezar por alcanzar producto. Para que al final, en mi caso, tu puedas llegar a las 8 de la mañana y tener unos ricos y calentitos bolillos para desayunar.

Además de ser una película de la india María, el miedo no anda en burro también es una apología que refiere a que una persona con miedo huye rápido, y eso aplica a nosotros, todos los que estamos detrás de un mostrador. Si bien no podemos correr (literalmente) eso no quiere decir que no tengamos miedo, claro que lo tenemos y mucho; es por ello que te pedimos que entres a los establecimientos con cubre bocas y evites aglomeramientos, este último implica dejar a los miembros de tu familia en casa. Por cierto señores, tengamos confianza, no nos vamos a robar a sus “señoras” y eviten mandar chamacos.

Claro, en relación a las medidas preventivas, usen gel antibacterial y permitan que nosotros lo usemos o dispongamos de 20 segundos para lavarnos las manos. 

Recuerden que al cuidarnos, los cuidamos a ustedes.

Esto es todo por hoy, y bueno, como dice el colorín colorado este cuento se ha acabado…

No se preocupen yo les aviso si me aviento el libro de crónicas de una cajera… jaja.

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