Dataísmo, la nueva religión es de los datos

¿Sabes cuántas fotografías, memes o mensajes se comparten en un solo día a través de todo internet? 

Se sabe que los usuarios de internet contribuyen a las 80 millones de fotos que se suben por día a redes sociales como Instagram, 60 millones de mensajes vía WhatsApp, 300 millones de imágenes compartidas en Facebook, en Twitter con los 500 millones de tuits y 100 mil millones de búsquedas en Google.

De manera que cada vez que decidimos subir un meme, o enviar un mensaje, la montaña de datos que se encuentra localizada en el ciberespacio crece cada vez más. 

Y quizá te preguntes:

¿A dónde van a parar todos estos datos una vez que cumplen su propósito efímero de ser vistos en la red? ¿Son desechados en algún tipo de basurero digital? ¿Alguien los recolecta? ¿Los venden? ¿Por qué son importantes?

Respondiendo a la última pregunta, te diré que sí son muy valiosos. Tanto, que son considerados el nuevo oro, pero al no ser tangibles, no se les da la misma importancia como el que se le da a un billete o a una moneda.

Por lo que nuestros datos, suelen ser menospreciados por nosotros mismos y por eso los damos hasta sin leer el aviso de privacidad.

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Cualquier dato está al alcance de todos

El historiador israelí Yuval Noah Harari lo explica mejor cuando lo menciona en su libro Homo Deus (2016): 

“La gente quiere, sencillamente, formar parte del flujo de datos, incluso si esto significa perder su privacidad, su autonomía y su individualidad”


Lo anterior, debido a que como individuos nos convertimos en un pequeño elemento, dentro de un gran sistema que nadie acaba de entender. En el que no se sabe muy bien en dónde encajamos, y en dónde nuestros datos se conectan con otros millones de datos producidos, por otras millones de personas y ordenadores.

Como lo señala Yuval Harari en este best seller, a medida que procesamos más información, contestando a más correos electrónicos, efectuando más llamadas telefónicas y escribiendo más artículos; la gente que nos rodea cada vez se ve inundada por más datos.

En el libro de Harari también se manifiesta que estamos ante una nueva religión llamada dataísmo, que en palabras de Wikipedia es:

“El dataísmo o datoísmo es un término que ha sido utilizado para describir la mentalidad, filosofía o religión creada por el significado emergente del big data, la inteligencia artificial y el internet de las cosas”.

Es decir, una religión en donde en vez de la adoración de alguna deidad, o del hombre en sí, se venera a los datos.

No obstante, aunque parezca sacado de una película de ciencia ficción, la realidad es que nuestra computadora, celular, tablet o cualquier otro dispositivo electrónico sabe cada vez más de nosotros, con cada click que damos; creando así un universo hiperconectado que aunque no veamos existe.

Sin embargo, el dataísmo va más allá de solo un gran flujo de información privada pero accesible. También habla de los algoritmos de las máquinas, y cómo son cada vez más independientes.

Pero, ¿qué le ocurrirá a la sociedad, cuando algoritmos no conscientes pero muy inteligentes nos conozcan mejor que nosotros mismos? 

Quizá en el futuro no se inicie una revolución contra las máquinas como en la película de I Robot, pero si se maximizará el flujo de datos conectados. Por lo que al final, como en toda religión, habrá un mandamiento y será que todo debe conectarse al internet de las cosas, y el mayor pecado será bloquear el flujo de datos.