ser feliz

Ser feliz no depende de la genética, ni de ninguna otra circunstancia, es una decisión propia. 

Existen miles de razones para no ser feliz, muchas personas pueden pretextar su química cerebral, su tendencia congénita a la depresión, el divorcio de sus padres, la economía, un país en crisis, su infancia, entre muchas otras cosas para no ser felices. 

Es verdad que existe una base genética que determina nuestro temperamento, entender esto, nos ayuda a entendernos a nosotros mismos, y nos ofrece una visión sobre porque otros afrontan las mismas situaciones de distinta manera.  

Pero mientras aspectos de nuestro temperamento y nuestra tendencia a ser felices son heredados, hay evidencia amplia de que esto no representan una ley para la vida. Las prácticas como la meditación, el servicio a otros y el ejercicio físico, pueden elevar nuestra línea base para ser felices.

Esto es un recordatorio claro, de que incluso nuestras conexiones cerebrales cambian a lo largo del tiempo y responden al ambiente y a las experiencias. 

La fórmula que determina nuestro poder sobre nuestra propia felicidad

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Nuestra neurología y las conexiones cerebrales que determinan nuestras tendencias temperamentales, solo constituyen una parte de nuestra historia.

Estudios sugieren una fórmula sobre la cual puede calcularse nuestra capacidad para controlar nuestra propia felicidad: 50-40-10 — 50 representa el porcentaje que determinan nuestras conexiones cerebrales, el otro 40 por ciento puede ser atribuido a cómo interpretamos y respondemos a lo que nos pasa, y el 10 por ciento, es impulsado por nuestras circunstancias— en donde vivimos y con quién, en donde trabajamos y con quién, el estado de nuestra salud, entre otras cosas.

Si estas proporciones son exactas, es debatible, pero lo que sí es cierto, es que hay mucho margen para trabajar en la media que representa el 40 por ciento, ese es el espacio sobre el que tenemos control. La manera en que interpretamos lo que pasa, el significado que le damos y las historias que nos contamos a nosotros mismos. 

El investigador de la Universidad de Pennsylvania, Marty Seligman, sugiere que para algunas personas, estas interpretaciones y respuestas pueden tornarse de estrés post traumático en crecimiento post traumático.

Es decir, dentro de este 40%, podríamos lograr interpretar los eventos de la vida, que podrían desembocar en trauma o depresión, como parte de un crecimiento personal.

Pensamientos + Sentimientos = Nuestra historia

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Nuestras interpretaciones y respuestas a los que nos pasa, puede ayudarnos a tornar situaciones molestas e incluso fracasos en aprendizaje.

Nuestras emociones tienen un profunda influencia en cómo interpretamos lo que pasa y las historias que generamos a partir de eso. Lo que nos molesta distorsiona lo que pensamos y nuestra interpretación sobre las situaciones.

No vivimos nuestra vida en datos, sino en historias; grandes historias como quienes somos, lo que nos importa, y por qué estamos aquí, e historias un poco más insignificantes, como el oso que hicimos en la fiesta del fin de semana pasado. 

Estas historias están hechas nos solo de pensamientos, sino de sentimientos, que se interpretan como un conjunto. Es como estar inmersos en una buena película, la música solo añade suspenso y excitación a la escena, así los sentimientos a nuestros pensamientos.

Y así es la vida misma, como una película que es mil veces mejor cuando nos perdemos en ella. Cuando estamos más inmersos y comprometidos, más creativos y más emocionados, alcanzamos el delicioso estado de auto consciencia llamado fluir. 

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Pero cuando las cosas van mal, es bueno disminuir el ritmo y observar el efecto que nuestras emociones están teniendo en cómo tejemos nuestra historia, aquí encontraremos la respuesta a cómo ser feliz a pesar de nosotros, a pesar de otros, a pesar de todo.