wasteland

Una de las consignas que más les achacan a los artistas contemporáneos es su capacidad de vender basura con la categoría de obras de arte; en las galerías, museos, centro culturales y las omnipresentes Christie’s  y Sotheby’s.

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En esta ocasión retomaremos a uno de los artistas contemporáneos más famosos y renombrados. El inconfundible Vik Muñiz (Sao Paulo, 1961); cuya obra conocí hace un par de años rondando por Zona Maco. 

¿Quién es Vik Muñiz?

Los medios de comunicación nos lo presentan como:

“el que sabe dar vida a la basura”

o juega con materiales comestibles para recrear obras que forman parte de la Historia; y con ello, de nuestra cultura visual.  

Justamente, hace diez años estrenó su documental titulado Waste Land (2010), el cual nos permite conocer el cómo y por qué este chico brasileño, que se nos dice nació en el seno de una familia pobre, logró llegar a Phillips a vender obras por miles de dólares.

¿Cómo llegó Vik Muñiz a usar basura como material?

Como en todo buen documental, Waste Land (2010) inicia presentado a su protagonista, la historia de cómo llegó a los Estados Unidos (gracias a la indemnización de un disparo) y de lo que trabajaba mientras estudiaba antes de alcanzar el sueño americano. 

Muñiz se dedicaba a recoger carritos del súper y limpiar contenedores de basura; lo que implica estar en contacto con centenares de botellas, miles de bolsas de plástico, latas de aluminio, gusanos, moscas, papeles; y claro, olores y texturas de alimentos en descomposición (animal y vegetal), que después de un tiempo dejó de percibir con repugnancia.

Los hijos del azúcar

Sugar Children’s, se considera como el primer proyecto en donde el artista brasileño planteó al material como algo que existe en el mundo con su propia importancia.

En este rescata la alegría y vivacidad de los infantes en contraposición a la tristeza y cansancio de sus progenitores.

Se trata de una serie en donde Muñiz retrató a niños de la isla del Caribe San Cristóbal; cuyos padres trabajaban en las plantaciones de azúcar por jornadas de hasta 16 horas. 

Llevando su trabajo a la reflexión y crítica en cuanto a la injusticia y desigualdad en las sociedades contemporáneas. 

Vik Muniz (1961)
Valentina, the Fastest/ Valentina, la rápida
1996
35.6 x 27.9 cm
Smithsonian American Art Museum

“Pensaba en lo que faltaba, en la transición de ser un niño feliz a un adulto triste y desanimado. Y era el azúcar. Esos niños perdían la dulzura”.

Llevando tal pensamiento a Nueva York, en donde tiene uno de sus estudios, el artista comenzó a dibujar a los chicos con azúcar; y en el proceso de trabajo, descubrió que podía trabajar volumen con el derivado dulce de la caña.  

Con el tiempo su contraposición a los formatos y lineamientos de las fine arts se volvió más radical.

Su intención era inmiscuir el arte en proyectos sociales, de manera más concreta, construir la posibilidad de cambiar las vidas de un grupo de personas con los mismos materiales con los que están en contacto todos los días.

¿Sería posible?

Solo el tiempo lo diría. 

Lo primero que definió Vik fue el material con el que trabajaría: basura. 

Después investigó los lugares y el tipo de personas que están en contacto con los desechos que cada día sacamos a la calle y esperamos desaparezca el camión recolector.

Siendo fiel a su nación, escogió Jardim Gramacho, en ese entonces, uno de los basureros de mayor tamaño en el mundo.   

Cuando llegó le sorprendió el panorama en el que se encontraba, Waste Land fue una de las palabras que se dieron en la conversación con sus acompañantes.  

En ese primer acercamiento conoció a los que serían sus fuentes de inspiración y compañeros de trabajo: Zumbi, Magna, Irma, Isis, Suelem y Tiao Santos. Recolectores de materiales reciclables, cada uno con una historia, pesadillas y sueños para el futuro.

En un hora y media es posible conocer el proceso de la obra, un claro ejemplo de como cambiar basura en una obra de arte; en la representación no solo de un rostro, sino de una vida, sueños o ideas.

Que en este caso tuvo un gran impacto en los recolectores, pero también en el artista. Él mismo menciona la importancia del factor humano en las obras, no sólo referente a las relaciones humanas, sino al crecimiento en el ámbito personal. 

En estos tiempos de crisis e incertidumbre, nada mejor que retomar un documental como Waste Land; que no solamente refleja lo que una obra de arte puede causar e impactar en la sociedad y la vida de un individuo; sino también, que puede haber alegría y esperanza aun en los lugares y contextos más desagradables. 

Waste Land [Importado]

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