Avándaro

Entró con frenesí en la sexta década del siglo XX, sacudió a los jóvenes y perturbó a los más longevos. Caminó de la mano de los movimientos sociales. A finales de la década de los 60 se refugió en los hoyos funky y los garajes mecánicos.

El regente de hierro se guiaba de las melodías para encontrar cualquier rastro musical; su némesis, las redadas. Ernesto P. Uruchurtu, durante 14 años, representó a las buenas costumbres. Persiguió con un olfato disciplinado y ortodoxo a los jóvenes que simpatizaran con el rock and roll.

Pocos espacios existieron para los sonidos de un bajo, guitarra o batería, para las malas palabras y la rebeldía. Durante el Movimiento Estudiantil del 68 se perdieron en las marchas, las voces estudiantiles. Los sobrevivientes, siguieron reuniéndose y a principios de la década de los 70 llegó el verano más liberador.

Del circuito automovilístico al concierto de rock

Los hermanos, Eduardo y Alfonso López Negrete, organizan una carrera de autos en Valle de Bravo y llaman al productor de Telesistema Mexicano, Luis de Llano, para grabar el acontecimiento. El patrocinador de “Circuito Avándaro” fue The Coca-Cola Company y transmitiría el festival vía radio. Se esperaban 40 mil personas.

El cartel del diseñador, Joe Vera, decía: Rock y Ruedas, con ese eslogan promocionaron el evento. Los jóvenes, amantes de la onda chicana, escucharon en las antenas de radio y los satélites televisivos el mismo mensaje: Avándaro, Festival de Rock.

El costo del boleto equivalía a 25 pesos mexicanos y participarían en la escena musical 12 bandas en el escenario, pero grupos como La Revolución de Emiliano Zapata y Javier Bátiz cancelaron su participación.

La euforia del evento se concentró en la carretera México-Toluca-Avándaro, el sábado 11 de septiembre de 1971. Diferentes ponchos, pantalones acampanados, faldas cortas y largas, caminaron con entusiasmo al festival más grande de rock en México.

En el camino se apoyan entre sí, comparten comida, bebida y “aventones”. Se difuminan, poco a poco, diferencias económicas: todos son parias sociales.

Cancelan los autos: se queda la música

El espesor del bosque resguardó las casas de campaña, las bolsas de dormir y los autos que estaban congregados alrededor del escenario. La carrera de autos del domingo 12 de septiembre de 1971 se cancela.

A los promotores, López Negrete, les informa el gobierno del Estado de México que deben permitir el libre acceso, para evitar una estampida humana: debido a la afluencia de personas.

Sin las ruedas de por medio, la gente se acumula frente al escenario para esperar, ansiosos, a la primera banda de rock. Los fanáticos se mimetizan con el paisaje: están arriba de los árboles, entre las ramas, en el suelo. Cae la noche.

Más de 300 mil personas esperan que se enciendan las luces y la música en Avándaro. La entrada al concierto de rock and roll es libre. Continúan llegando. A las 19:20 horas, los Dug Dug’s de Durango inauguran el festival. La multitud comienza a enardecer entre las melodías.

La torre de grabación de Telesistema Mexicano se pandea. Un camarógrafo, Carlos Alazraki, escucha a los oyentes decir —Bajémonos, para que nuestro brother haga su trabajo—. También le llega un olor a hierba quemada.

La lluvia no palidece el ánimo de los espectadores. Miran emocionados a una chica en el escenario; baila al ritmo de la música, desinhibida se retira la blusa, el pantalón y queda en una pantaleta roja. En el mismo momento ingresa la banda Peace and Love y la gente los recibe con vehemencia.

No se permiten las malas palabras

Los medios tradicionales que están transmitiendo en vivo el evento se alteran: Radio Juventud interrumpe su señal. En la Ciudad de México, quienes seguían el concierto lograron escuchar al vocalista, Ricardo Ochoa, decir: “Que chingue a su madre el que no cante”.

Los cuerpos salados siguen bailando bajo la noche. No cesan. Fuman hierba, comen hongos, beben alcohol: actúan como hippies y cantan rock and roll. Como si no fuera suficiente, Peace and Love hace corear a la gente: ¡Tenemos el poder! El unísono de las voces juveniles comienza a incomodar a las autoridades.

De inmediato, el poder gubernamental recuerda que las generaciones reunidas, ahí, han visto caer a sus amigos, familiares o conocidos bajo las macanas federales.

Pernoctan en Avándaro los aficionados. El domingo 12 de septiembre del 71, el Three Souls in my Mind cierra el primer festival de rock masivo en México. Es la primera vez que el grupo se presenta ante una cantidad inmensa de espectadores. Se cree fue el último impulso que necesitó la banda para convertirse en el referente del rock mexicano.

¿Te quedaste con ganas de saber más? El documental, Gimme The Power, analiza el contexto sociopolitico del Festival de Avándaro. Además de presentar el recorrido histórico de la banda mexicana que rompió con los esquemas de las buenas palabras.

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Aquí te dejamos el trailer: