películas de princesas de Disney

Cuando se estrenó la primera película de Toy Story, tenía 7 años. Soy parte de una generación que creció esperando el siguiente estreno de Disney para ir al cine, pero también me tocó la evolución de los video cassettes Beta a VHS y luego a DVD.

En lo personal, me encantan las películas de Disney, fueron parte importante de mi infancia, conforman gran parte de mis recuerdos infantiles, y es algo que me emociona compartir con mis hijos. 

A excepción de las películas de princesas, esas están prohibidas en mi casa, te cuento por qué:

1.- Forman ideales falsos

Las películas de Disney tienen gran influencia sobre los niños y se quedan muy bien grabadas en sus memorias. No tengo idea de cuantas veces vi “La Sirenita” y otras películas de princesas en mi vida, pero pueden contarse en decenas.

Hoy existe de manera documentada, una generación entera de jóvenes creyéndose príncipes y princesas, esperando rescatar o ser recatadas. Como lo cuenta la doctora Jennifer L. Hardstein  en su libro “Princess Recovery: A How-To Guide to Raising Strong, Empowered Girls Who Can Create Their Own Happily Ever Afters” o en español, Recuperándose de las Princesas, una guía para criar niñas fuertes y empoderadas que puedan crear sus propios finales felices.

Por muy bobo que parezca, también en mi generación (soy millenial), como en éstas películas —y tal vez desde los años 40’s en que se estrenó la primera, Blanca Nieves— existe todavía la idea, negada pero arraigada, de que ser la más guapa y abnegada te supone un matrimonio exitoso.

No podría haber una suposición más equivocada y aunque parezca mentira, todavía tengo amigas en espera de ser rescatadas por su príncipe azul o de su hada madrina, en lugar de ser ellas quienes quieran luchar por sus propios ideales.

No encuentro nada de malo en soñar ni fantasear, pero cuando se es niño, es difícil discernir entre lo que es fantasía y realidad. Sobre todo, si los personajes parecen ser personas reales, con los que se pueden identificar.

Y si bien, somos los padres quienes tendríamos que educar con los valores que nos representan, el imaginario y la cultura colectiva también influyen en la formación de nuestros pequeños.  

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2.- Son retrogradas

Estos clásicos quedaron obsoletos desde hace ya algunos años, no como obras cinematográficas, sino por la realidad social que plasman.

A decir verdad, prefiero leerles a mis hijos las verdaderas historias, en sus versiones menos bizarras y decirles que fueron escritas en el siglo XIX.

Contarles que incluso, algunas están basadas en personajes reales como la princesa María Sophia von Erthal, la Blanca Nieves de carne y hueso. A que vean las películas remasterizadas y que lleguen a considerar que forman parte de la realidad actual.

3.- Romantizan la idea del amor en pareja

Y vivieron felices para siempre… No podría haber mentira más grande que ésta. La vida en pareja es un trabajo de cada día. 

Y aunque es difícil explicarles ciertas cosas a los niños, por lo menos podríamos no reforzarles ideales basados en ficción y fantasía. 

La vida no es perfecta, el amar es un arte que se tiene que practicar cada día para lograr perfeccionarse. No es tan fácil como que un príncipe llegue a tu vida y te robe un beso, para ser feliz para toda la vida con él.

4.- Estereotipan a la mujer

Rostros, cabelleras, cuerpos y vestidos perfectos. Rebelde, valiente y dispuesta a dar todo por “amor” como Ariel, o abnegada y sencilla como Cenicienta. Todas ellas son hermosas y siempre encuentran al príncipe azul.

Esperan ser salvadas por un beso, o rescatadas de una torre mientras se miran al espejo y peinan sus largas y perfectas cabelleras. 

La imagen de mujeres hermosas, dependientes, dóciles y obedientes, ha reinado el mundo de princesas de películas de Disney durante décadas, salvo algunas excepciones un tanto menos populares como Mulán, Pocahontas y Valiente.


5.- Son adaptaciones cliché 

Inspiradas en clásicos de la literatura, no precisamente infantiles. La mayoría de las películas de princesas, son adaptaciones cliché de obras literarias.

Tal vez ni siquiera fueron escritas para transmitir los valores que Disney les terminó adjudicando. Estas historias animadas, literalmente son clásicos de la literatura que fueron dulcificados por Disney para los niños. 

Es cierto que las producciones más recientes, e incluso otras no tanto, como Pocahontas y Mulan, han tratado de reivindicar tanto a las historias como a los ideales y valores que transmiten, que durante décadas han servido de modelo para muchas niñas y niños. 

En lo personal, sigo renuente a compartir muchas de estas historias con mis hijos. Aunque también es erróneo pensar que las películas de princesas de Disney, pueden educar a nuestros niños. Lo cierto es que pueden servir de modelo sin siquiera darnos cuenta de ello.

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