DÍA DE MUERTOS

El día de muertos es en realidad una fiesta para celebrar la vida, a la familia y a las personas que amamos. Es una de las tradiciones más antiguas y representativas de México, llena de colores, sabores y de un gran significado. 

Se trata de una celebración en donde los vivos nos reunimos con nuestros seres queridos que han muerto. Para recordar y honrar la vida de quienes ya se fueron de este plano terrenal.

Sin duda es una celebración espectacular y con mucho significado, no por nada la UNESCO nombró en 2003, a esta festividad indígena, como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad

Pero ¿qué podemos aprender del Día de Muertos? Les dejo 5 lecciones de vida que nos enseña esta tradición mexicana. 

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1. No hay porque tener miedo de la muerte 

La mayoría de las personas experimentamos miedo a la muerte alguna vez o siempre durante nuestras vidas. 

De acuerdo a la tradición del Día de Muertos, la muerte es sólo una transición a lo eterno. Durante las celebraciones de este día, ellos, los muertos, regresan para convivir con sus amigos y familiares. 

Lo que nos ubica a vivos y muertos en diferentes planos dimensionales, pero “vivos” al fin. Entonces no hay razón alguna para temer a la muerte pues se trata solamente, al igual que la vida de un paso transitorio.

Lo más significativo, es que el Día de Muertos no lamenta la ausencia, sino que celebra la presencia viva de quienes han trascendido a la eternidad. 

Es en sí una paradoja, en la que la ofrenda o altar de muertos, que ponemos para celebrar a nuestros seres queridos, será en un futuro, parte de una celebración que se ofrezca para nosotros mismos. 

2. El amor es eterno

El Día de Muertos es en sí una fiesta para honrar y recordar a nuestros seres queridos, es un ritual que castiga al olvido y celebra al amor.

No importa cuantas generaciones pasen después de la muerte de un ser querido. Su foto siempre será parte de un altar, y siempre será recordado y esperado con cariño, para deleitarse con lo que más disfrutaba hacer, comer o beber en vida.

Nuestra familia y nuestros seres amados, siempre serán importantes para nosotros. Nuestro amor hacia ellos es infinito y serán recordados con amor,  hasta que llegue el momento de reencontrarnos con ellos.

3. El valor de la familia

El grupo de almas con el que hemos elegido viajar, siempre estará con nosotros, en la vida y en la muerte.

Los altares se construyen en familia, para honrar la vida de los miembros de nuestro linaje que ya no están. En preparación para recibirlos y para convivir con ellos en una gran fiesta.

Las ofrendas a los muertos, se preparan minuciosamente con todo lo que les gustaba a nuestros familiares antes de morir. Representa una gran oportunidad para hablar a los más jóvenes de la familia sobre sus antepasadospara darles identidad, valor y trascendencia. 

4. La vida es infinita

Qué tal si nos dijeran que realidad no hay muerte, que vivimos una y otra vez aprendiendo lecciones, escalando niveles, justo como lo suponen las teorías sobre la existencia de vidas pasadas.

Vivimos con la finalidad de construir conocimientos de amor, esperanza y fe. Para trascender nuestros vicios y virtudes, así como nuestras deudas con otros y con nosotros mismos.

Vivimos para aprender el valor de la paciencia y la esperanza, para entender el equilibrio que existe en la naturaleza, y para liberarnos de todos nuestros miedos, principalmente del miedo a la muerte.

Vivimos para progresar, y el progreso del alma se da a través de la armonía y el equilibrio, del amor y la sabiduría, de la caridad, de la acumulación y el uso de la intuición y la confianza en uno mismo.

5. No hay nadie más grande que su prójimo

En el Mictlán, la región de los muertos, se les da la bienvenida a todos aquellos que han muerto por causas naturales por igual, sin importar si han sido nobles, plebeyos, ricos o pobres; deben atravesar un largo y doloroso viaje por el Camino de los Muertos. 

Una vez que terminen su trayectoria se encontrarán con los reyes del Mictlán, quienes les permitirán disfrutar del descanso eterno.

Como lo supone la mitología, todas las personas existentes atravesaremos la misma misión, y tendremos el mismo recorrido.

Así como tendría que ser en la vida, en la muerte todos somos iguales, con la misma necesidad de aprender, sanar y de librar los mismos obstáculos. 

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